Académicos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile explican las consecuencias de las constantes olas de calor en la producción de frutas y hortalizas.

 

Marco Garrido, UCHILE.

Tras la llegada de la primavera, varias localidades de la zona central de Chile han tenido que enfrentar una seguidilla de olas de calor. El fenómeno no solo ha preocupado por sus efectos en el diario vivir, sino que también mantiene en alerta al mundo agrícola, que ha tenido que enfrentar la pérdida de distintos cultivos por esta situación. Así lo señala el Dr. Marco Garrido, profesor de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile (UCHILE), quien también es Director del Centro de Estudios de Zonas Áridas de la misma institución, e investigador del Proyecto del Centro Fruticultura Sur “Mejoramiento genético de patrones de nogal para una fruticultura moderna”.

 

Al respecto, el Dr. Garrido afirma que las olas de calor y su impacto en los cultivos son un problema que afecta a diferentes lugares del mundo desde hace ya varios años, y que la zona central de Chile es uno de ellos. El aumento anómalo de las temperaturas se ha vuelto cada vez más recurrente, llegando a alcanzar, algunos días, una media aproximada de dos, cuatro e incluso seis grados sobre la temperatura normal.

 

Esta alza afecta una serie de procesos bioquímicos relacionados con el óptimo funcionamiento de los cultivos, lo que provoca severos efectos en su producción. Representa un desafío y una amenaza para los ecosistemas vegetales, entre ellos, los sistemas agrícolas, advierte Garrido.

 

Reinaldo Campos, UCHILE.

Uno de los cultivos más perjudicados por estas olas de calor son los correspondientes a frutales. Así lo plantea el Dr. Reinaldo Campos, profesor de la misma unidad académica e investigador de los Proyectos del Centro Fruticultura Sur “Aumento del potencial de almacenamiento y de la calidad general de cerezas” y “Paquete tecnológico para la producción sustentable de Cerezas de exportación en la zona centro sur”. El Dr. Campos se encuentra precisamente se encuentra desarrollando una investigación sobre esta materia, y según plantea, tanto los frutos como las plantas soportan diferentes grados de estrés, lo que se complejiza aún más cuando se suman distintas variables de estrés. Señala que se van produciendo efectos que son complementarios y la sumatoria de los mismos va generando situaciones en que la fruta o las plantas en su conjunto tratan de resolver.

 

 

 

Entre los efectos identificados en sus investigaciones, en las que evalúa los efectos de las altas temperaturas en uvas y cerezas, figuran modificaciones en la oxidación de la fruta o en la pigmentación de ésta, algo que también ha sido evidenciado por distintos agricultores de la zona. “Hoy día, cuando tú conversas con los agricultores o con los agrónomos, en general, ellos te empiezan a señalar de síntomas en los cultivos que antes no veías con tanta facilidad” relata el académico. Del mismo modo, también destaca que esto no solo es apreciable en el fruto, sino que también en la hoja, la que incluso puede llegar a quemarse. “Para que un fruto tenga todas las características que se requieren, tiene que tener hojas saludables, porque al final del día lo que está cosechando una planta son luz, agua y nutrientes. Sí todo va bien, recién vamos a tener un producto que en algunos casos es fruta y en otros casos también son hojas”, explica el académico.

 

Formas de proteger los cultivos

Ahora bien, existen distintas medidas que se pueden implementar para combatir este problema. De acuerdo a lo mencionado por el Dr. Rodrigo Callejas, académico del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la misma casa de estudios, entre las medidas más comunes se encuentra la instalación de mallas protectoras, que -entre otras cosas- permite que las plantas vayan acostumbrando parte de su función recibiendo la menor cantidad de radiación posible y a una menor temperatura.

Cultivo bajo malla.

 

“Cuando las plantas están trabajando, tratan de bajar la temperatura interna a través de la evaporación o la transpiración, a través de los estomas están transpirando para regular la temperatura. Por ello, tiene que haber un sistema contínuo hasta el suelo que permita tomar el agua, porque sí la planta tiene un mal sistema radical, va a colapsar”, detalla Callejas.

 

Otra de las posibles acciones que se pueden implementar es la creación de sistemas radicales de suelo más eficientes, que permitan que las raíces crezcan y eventualmente puedan asimilar el alza de temperaturas. Al respecto, destaca la importancia de trabajar en la generación de mejores sistemas de raíces, pensados en el contexto del cambio climático. “Sí la planta tiene un mal sistema radical, tú le puedes echar toda el agua que quieras, pero la planta no lo va a poder tomar”, afirma el Dr. Callejas.

 

Sin embargo, no solo es a nivel de suelo que se pueden implementar estos cambios. Al respecto, el Dr. Garrido añade que también se han desarrollados protectores solares para uso agrícola, destacando -por ejemplo- el polvo de caolinita y otros productos tipo talco. “Estos aumentan la refracción de la radiación y al reflejar mayor radiación evitan el sobrecalentamiento”, indica. Es así como estas alternativas no solo tienen un efecto paliativo, sino que también van anticipando lo que será a futuro el desarrollo de la agricultura en un contexto de cambio climático.

 

Artículo escrito por Rodrigo Gallardo Olivares, Prensa Uchile.

 

Para más información acerca del Programa PTEC66647 Centro Fruticultura Sur contactar a Claudia Jorquera claudiajorquera@uchile.cl o Alejandra Vinagre maria.vinagre@uchile.cl